Vuestra Santidad:
En nombre del Estado de Israel y del Gobierno de Israel, tengo el honor de daros la bienvenida en la Ciudad Santa de Jerusalén, el centro espiritual de todas las naciones de la tierra y capital eterna de Israel. Cientos de millones de fieles en el orbe entero alzan sus ojos hacia este lugar preciso, y hoy, en particular, están siguiendo vuestra peregrinación a la Tierra Santa, el lugar donde se inició la historia, el lugar donde antaño vivieron y respiraron nuestros antepasados y nuestros profetas.
Estamos aquí al pie de los últimos vestigios del Santo Templo, el lugar más sagrado para el pueblo judío y famoso otrora entre los pueblos del mundo. A lo largo de los siglos estas piedras han presenciado guerras cruentas, y a la vez anhelos y deseos fervorosos de paz y fraternidad entre naciones, religiones y pueblos.
Vuestra visita tiene un significado histórico para judíos y cristianos por doquier. Estoy convencido de que las primicias de paz que traéis alumbrarán el corazón de millones de católicos del mundo entero.
Vuestro llamamiento a todos los creyentes a venir en peregrinación a Jerusalén tiene honda significación para nosotros, ya que ayudará a promover esa misma paz a la cual os habéis referido en vuestras alocuciones en Israel.
El pasado y el presente coexisten en Jerusalén. Sus anales, llenos de acontecimientos que cambiaron el curso de la historia, se combinan con una visión del futuro que será mejor, para nosotros pero sobre todo para nuestros hijos. Os damos la bienvenida, y ojalá tengamos el privilegio de ver a la hermandad y al diálogo interconfesional cobrando forma en Jerusalén y difundiéndose de aquí, la ciudad de la reconciliación y la paz. La paz en Jerusalén traerá la paz al mundo entero. Para los millones que llegan a la ciudad, su visita es una experiencia propiamente espiritual. Éste es el secreto de la magia de Jerusalén. Deseo a Vuestra Santidad una experiencia suprema e inolvidable, y os pido una rogativa por días mejores, que seguramente será escuchada.
Quisiera concluir mis palabras citando al Salmista: “Pedid por la paz de Jerusalén, sean prosperados los que te aman”.
En nombre del gobierno de Israel tengo el honor de ofrecer a Vuestra Santidad este presente en el espíritu de vuestra peregrinación y en el espíritu de paz.
Muchas gracias.